Sacramento de la Penitencia

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia» (In Io. Ev. tract. 33,5). Así encuadra san Agustín el final del Evangelio que hemos escuchado recientemente. Se fueron los que habían venido para arrojar piedras contra la mujer o para acusar a Jesús siguiendo la Ley. Se fueron, no tenían otros intereses. En cambio, Jesús se queda. Se queda, porque se ha quedado lo que es precioso a sus ojos: esa mujer, esa persona. Para él, antes que el pecado está el pecador. Yo, tú, cada uno de nosotros estamos antes en el corazón de Dios: antes que los errores, que las reglas, que los juicios y que nuestras caídas. Pidamos la gracia de una mirada semejante a la de Jesús, pidamos tener el enfoque cristiano de la vida, donde antes que el pecado veamos con amor al pecador, antes que los errores a quien se equivoca, antes que la historia a la persona.
PAPA FRANCISCO. Celebración de la penitencia. Vaticano. Viernes, 29 de marzo de 2019.

¿Qué es necesario para confesarse bien?

Examen de conciencia es recordar todos los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

Dolor de los pecados es un sentimiento o pesar sobrenatural de haber ofendido a Dios.

Propósito de enmienda es una firme resolución de no volver a pecar. Tenemos verdadero propósito de la enmienda cuando estamos dispuestos a poner los medios necesarios para evitar el pecado y huir de las ocasiones de pecar.

Debemos confesar todos los pecados mortales, y conviene decir también los veniales. Los pecados se han de confesar con humildad y sencillez, manifestando los ciertos como ciertos, los dudosos como dudosos, y aquellas circunstancias que aumenten o disminuyan en su gravedad. Hay que confesar el número exacto de los pecados mortales y si no se recuerda el número aproximado. Hay que confesar el número exacto de los pecados mortales cometidos, y si no se recuerda, el número aproximado. El que calla a sabiendas algún pecado mortal, no se le perdonan los pecados confesados, y comete un grave sacrilegio.

Cumplir la penitencia es rezar las oraciones y hacer las buenas obras que mandó el confesor, para satisfacer por la pena temporal de los pecados.

Hecho el examen de conciencia, al llegar al confesionario, te santiguas diciendo:

– En el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo.
El sacerdote te dará bendición y tú dices:
– Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo.
Y comienzas de la manera siguiente:
Hace… (tantos) días, semanas… meses… que me he confesado. Me acuso de… (dices tus pecados al confesor, de una manera clara y sincera,  determinando el número y la clase de pecados).
El sacerdote te da los consejos oportunos y te impone la penitencia. Tu manifiestas la contrición diciendo:
– Jesús hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.
Entonces el sacerdote te da la absolución, por la que todos tus pecados quedan perdonados y respondes:
– Amén.
Cuando sales del confesionario procura cumplir la penitencia que te haya puesto el sacerdote tan pronto como te sea posible. Dale gracias a Dios por su bondad y misericordia, por haberte perdonado los tus pecados, por haberte dado la gracia, por haber puesto su paz y su alegría en tu corazón.

Un examen de conciencia para cada edad:

Catequesis del Sacramento de la Penitencia:

El Papa Francisco nos da una catequesis magistral sobre el Sacramento de la Penitencia. 

No dejes de escuchar atentamente.

Horario de confesiones:

Lunes de 10.30h a 12.00h y  media hora antes de las misas; siempre que se solicite y tenga disponibilidad el sacerdote.

«En este tiempo de coronavirus el que necesite confesarse que se ponga en contacto a través del e-mail

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