Hogar del milagro y la fe viva
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En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
«Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.
Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.
En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.
Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.
Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Azarías implora al Señor en momentos de dificultad para su pueblo. Realiza una oración profunda y sincera de la que se deduce una petición de perdón. Y lo hace apoyándose en la intercesión de Abraham, Isaac y Jacob, hombres buenos y fieles a Dios. En sus palabras vemos su confianza, humildad, entrega y amor por Dios. Pide ayuda y perdón de corazón y hay una frase que, para mí, es clave: “Te respetamos y queremos encontrarte”. Busca al Señor desde el respeto, desde lo hondo del corazón, con una sinceridad que desnuda su alma ¿No es así como un hijo habla a su padre?
Nunca debemos tener miedo a ser humildes, a pedir perdón si hemos hecho algo mal. Dios es misericordia, pero también justicia, siempre nos dará lo que nos convenga si se lo pedimos con sinceridad, y si nosotros somos capaces de actuar igual con nuestros semejantes. Y quedémonos con estas palabras de Azarías: “los que en ti confían no quedan defraudados”.
¡Cuántas veces hemos leído y escuchado este pasaje! ¡Y cuantas veces rezamos el Padre Nuestro! Y yo me pregunto ¿Somos conscientes de lo que significa perdonar o pedir perdón? ¿Cuántas veces hemos oído, o hemos dicho eso de “perdono, pero no olvido”? Si el perdón nace del amor por el otro, por Dios, por nosotros mismos ¿Como debe ser nuestro perdón?
San Pedro le hace una pregunta al Maestro con toda su buena fe y la respuesta que recibe le debió dejar perplejo “Hasta 70 veces 7”, o sea: hasta el infinito. El perdón no sabe de números ni de límites y se da generosamente, sin esperar nada a cambio, es como el abrazo que le da el padre al hijo pródigo cuando regresa a casa reconociendo sus errores. Y Jesús pronuncia una parábola para explicarlo, parábola que nos muestra cual es el verdadero perdón frente al interesado o circunstancial. Y también nos dice que nosotros no podemos implorarlo si no hacemos lo mismo con el prójimo, no podemos pretender un buen trato si no lo damos a los demás.
El verdadero perdón sale del corazón y nace del amor. Del amor por el amigo, el jefe, el hijo, el que nos ofende, el que nos ignora... Fíjate que el propio Cristo en el peor momento de su pasión, colgado de la Cruz, lo que le pide al Padre es que perdone a sus verdugos por su ignorancia de lo que están haciendo, le está pidiendo perdón por ti y por mí, por las veces que le volvemos a crucificar cada día con nuestros comportamientos y negaciones. Solo se puede implorar ese perdón si se ama de verdad. ¿Y nosotros somos capaces de poner condiciones a nuestro perdón al que nos lo pide? Poco amamos si es así.
“Perdona nuestras ofensas COMO NOSOTROS PERDONAMOS AL QUE NOS OFENDE”. El mismo Jesús nos dejó dicho como debemos actuar para alcanzar la gracia del Padre. Mas claro no se puede decir y ejemplos sobran en el Evangelio: el perdón a la mujer adúltera, el perdón a las negaciones de San Pedro, el perdón a sus verdugos…
En esta Cuaresma sería un buen ejercicio, y un propósito, el revisar cómo perdonamos y cómo pedimos perdón. Sí. El perdón viene del amor y por el amor se da y se recibe, sin condiciones ni reservas. Pongámonos al pie de la Cruz con María y miremos a los ojos de Jesús cuando nos perdona con los brazos abiertos mientras entrega hasta su última gota de sangre por ti y por mí. Y luego podremos perdonar y ser perdonados.
Fuente de textos: Los Dominicos, Evangelio del día.

Bienvenido al tiempo de cuarentena, tiempo de conversión.
Hoy se me invita al ayuno y la abstinencia, como: ofrenda y agradecimiento, por mis intenciones, y por mi conversión en este día.

Bienvenido al tiempo de cuarentena, tiempo de conversión.
Este es el programa para este tiempo, estad atentos por si hay que modificar alguna de las propuestas.
¡Qué sea un tiempo de mirar al prójimo como Él nos mira, con misericordia!

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) es una realidad eclesial nacido en España en la década de los años 40, con difusión mundial y reconocimiento canónico de la Santa Sede.

Todos necesitamos un poco de tiempo para ver cómo es nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con el mundo. El Retiro de Emaús te ofrece ese tiempo. Pensado para buscar un encuentro personal con Dios.