Hogar del milagro y la fe viva
Lunes y miércoles: 10:00h.
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Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R/.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
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Seguimos una vez más reflexionando con el evangelio, la Resurrección de Jesús. En este pasaje, Tomás, no estaba con la comunidad cuando entró Jesús, y no cree lo que le dicen los demás. Tomás aún no tiene la experiencia de la Resurrección; sigue desanimado y no puede creer lo que los demás le dicen.
Este dato me parece importante: nuestra fe no puede apoyarse solo en testimonios; nuestra fe tiene que ser una experiencia personal, un encuentro con Alguien vivo, que nos libera del desencanto, y nos muestra un camino. La fe intelectual, la aceptación de un credo es fácil.
Pero Jesús, vuelve a la semana siguiente, cuando ya está Tomás con la comunidad. Jesús vuelve siempre, vuelve sin reproches; vuelve con su cercanía, su paz, su ánimo. Se acerca a Tomás con cariño y le dice: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Y del incrédulo Tomas surge una gran confesión de fe: Señor mío y Dios mío.
De la duda de Tomás, podemos aprender a gestionar nuestras propias dudas. Hemos de entrar con frecuencia en nuestro interior, habitado por Dios mismo, y sentir lo que ahí dentro nos inunda. Ese silencio interior provocara en nosotros la actitud propia de las personas que se saben incondicionalmente queridas, protegidas y acompañadas.
Experimentaremos a Jesús Resucitado cuando nos sintamos personas resucitadas y resucitadoras. Sin miedo, en paz, con coraje… porque Jesús está en medio de nosotros.
Hemos de saber descubrir las nuevas llagas de Jesús, que le reconozcamos en ellas, no nos limitemos a tocarlas y besarlas; tratemos también de aliviarlas, curarlas e impedir que se reproduzcan. Jesús nos invita a ver y tocar, para curar, todas sus llagas en tantas personas heridas en nuestro mundo.
¿Cómo es mi fe? ¿Cual es la raíz de mis dudas? ¿No tengo dudas? ¿Se traduce mi fe en signo y testimonio?
Fuente de textos: Los Dominicos, Evangelio del día.

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) es una realidad eclesial nacido en España en la década de los años 40, con difusión mundial y reconocimiento canónico de la Santa Sede.

PROXIMAMENTE: Diciembre de 2026.
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