Hogar del milagro y la fe viva
Lunes y miércoles: 10:00h.
Martes, jueves y viernes: 19:00h.
Sábados y Víspera de Festivo: 19:00h.
Domingos y festivos: 11:00H. y 12:30h.
Lunes y miércoles: 10:00h.
Martes, jueves y viernes: 19:30h.
Sábados y Víspera de Festivo: 19:30h.
Domingos y festivos: 11:30h.
Lunes a viernes: 10:00h.
Sábados y Víspera de Festivo: 19:30h.
Domingos y festivos: 11:30h
En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche:
«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:
«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo. Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí: «De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: «Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.
En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; entonces me acordé de lo que el Señor había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».
Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:
«Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.
Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.
Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.
A Pedro le costaba que no hubiera que exigir a los que desde la gentilidad se acercaban a Jesucristo, lo que habían sido convicciones arraigadas por su condición de fiel judío: había carnes que un judío no debería probar. Judío era él y judíos había sido Jesús; por lo que los seguidores de Jesús tenían que obrar como fieles judíos. Por eso cuando en “éxtasis”, ve que le ofrecen alimentos prohibidos, aunque “se descolgaban del cielo”, los rechaza. Hasta que una voz del cielo le indica lo que él quizás habría pensado más de una vez, “lo que Dios ha declarado puro, no lo llames profano” … reiterado tres veces.
A ese pronunciamiento se unió ver que el Espíritu Santo descendía también sobre no judíos, si aceptaban a Jesucristo. Todo esto lo relata a la comunidad judeocristiana, y concluye el título que preside esta reflexión: “¿Quién soy yo para oponerme a Dios?”. El prestigio de Pedro en esas primeras comunidades cristianas lleva a que la comunidad se alegre de esa amplitud del seguimiento de Jesucristo y alaben a Dios agradeciéndole que también a los gentiles “les haya otorgado la conversión que lleva a vida”.
Hoy está sobre el tapete de la actualidad las actitudes de exclusión, por desear la pureza de raza, de etnia, de religión, de sexo… ¿Cómo nos vemos, como los “puros”, que excluyen a los que estimamos que no lo son, o los abiertos a la universal acogida de Dios a todos sus hijos?
Con el SALMO RESPONSORIAL pidamos a Dios: “Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen”.
Cuando Jesús proclama que tiene otras ovejas que no son del redil del que es el buen Pastor, el que ama a las ovejas “hasta dar su vida por ellas”, está eliminando cualquier exclusión. El busca lo que quiere el Padre: que al oír su voz “haya un solo rebaño y un solo pastor”. Tarea nada fácil, pero en ella compromete su misma vida, la entrega para esa causa; pues es un deseo firme del Padre.
Un solo rebaño teníamos que sentirnos antes de nada los cristianos, los que admiten a Jesús como nuestro buen pastor: todos los días en la eucaristía pedimos para la Iglesia “la paz y la unidad”. ¿Estamos abiertos a sentirnos de la misma iglesia de aquellos cuya sensibilidad religiosa o modo de seguir a Cristo es distinto del nuestro?
Más aún, pensando en los que no son “redil”: ¿Sentimos como nuestra la dimensión católica, o sea universal, de la Iglesia que va más allá de buscar prosélitos que se incorporen a ella, y abarca a aquellos que buscan lo que la Iglesia puede dar, pero no lo encuentran en ella, en sus miembros, y se inclinan por otras opciones religiosas; o prescinden de la dimensión religiosa, pero buscan la verdad de lo que son, el sentido de su vida; o simplemente son hijos de Dios, de un Dios que ellos tienen olvidado…?
Cristo es el pastor que busca fuera de su redil, de su Iglesia; y eso quiso para sus seguidores, abrir puertas, no cerrarlas a los que no son “de los nuestros”. Su Iglesia es misionera.
Fuente de textos: Los Dominicos, Evangelio del día.

En este año 2026, en que celebramos el 90 aniversario de la Consagración de las Sagradas Formas del Milagro Eucarístico, no dejemos de dar gracias a Dios por su presencia viva y resucitada en medio de nosotros, como él mismo prometió a sus amigos:
«Yo estaré con vosotros, todos los días, hasta el final de los tiempos»
Mateo 28,20
¡GLORIA Y A TI, JESÚS VIVO Y RESUCITADO!
TÚ QUISISTE PONERTE A CAMINAR CON AQUELLOS DISCÍPULOS QUE ANDABAN TRISTES Y CABIZBAJOS
CAMINO DE EMAÚS, Y AUNQUE SUS OJOS NO ERAN CAPACES DE VERTE, TE RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN, MOMENTO EN EL QUE SE DIERON CUENTA COMO ARDÍA SU CORAZÓN POR TU PRESENCIA ENTRE ELLOS.
Ayúdanos a reconocerte presente en la Eucaristía, haz arder nuestro corazón, explícanos las Escrituras que nos hablan de Ti, hasta que podamos verte cara a cara en tu reino glorioso del cielo, que empezamos a gustar aquí en la tierra cuando comemos tu cuerpo y bebemos tu sangre.
¡¡FELIZ PASCUA!!

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) es una realidad eclesial nacido en España en la década de los años 40, con difusión mundial y reconocimiento canónico de la Santa Sede.

Todos necesitamos un poco de tiempo para ver cómo es nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con el mundo. El Retiro de Emaús te ofrece ese tiempo. Pensado para buscar un encuentro personal con Dios.